martes, 2 de marzo de 2010

Esperanza de vida. One-Shot

Nota: los personajes no me pertenecen… lastimosamente son de Stephenie Meyer.

Wola a tods… jeje ps esta idea se me ocurrió en mis días de confinamiento obligatoria, como sabrán, aquí en México estamos sufriendo por una epidemia de Influenza y por ello no podemos salir de nuestras casas… es todo muy aburrido, así que esta loca idea me llegó, les tengo q advertir que es muy triste, y refleja algunas cosas d lo que estoy viviendo en estos momentos, no es tan grave como la gripe española, pero no deja d ser preocupante.

Bueno, ia los dejo leer, pero antes, una recomendación, cuando vean esto (1) pongan la canción titulada Collide es de Howie Day… es muy buena y es perfecta para esta escena, incluso el ritmo... jaja, bueno, aki los dejo.


Mi vida era perfecta; tenía todo lo que había soñado y más. Mis hermanos Emmett y Alice, aunque un poco locos y revoltosos, me amaban con todo el corazón, así como yo a ellos.

Mi madre Renné, despistada y algo alocada era siempre mi apoyo, y mi padre Charlie, que aunque no lo demostraba tan a menudo, nos amaba a todos profundamente.

Al parecer, yo era la mas seria de la casa, después de mi papá por supuesto, y a veces me sentía como la persona más rara del mundo, pero había una persona que me recordaba constantemente lo importante y "hermosa" que era. Aunque yo nunca me consideré así, Edward hacía que me creyera todas y cada una de sus palabras cuando afirmaba lo contrario.

El era mi prometido desde hacía unos años, y aunque al principio a ninguno de los dos nos gustó la idea de nuestros padres, al poco tiempo terminamos profundamente enamorados. Adoraba sus hermosos ojos verde esmeralda, su siempre despeinado cabello broncíneo y su perfecta sonrisa torcida, la que decía era "especial para mi".

Sus padres Edward y Elisabeth Masen eran socios de mi padre , y juntos eran dueños de uno de los bancos más grandes de Chicago; aunque claro, no eran los únicos: Carlisle y Esme Cullen eran propietarios de una buena parte del negocio, y sus hijos Rosalie y Jasper Cullen eran nuestros mejores amigos.

En fin, mi vida era perfecta, pero como todo lo bueno conlleva una parte mala, en 1918 la mala suerte nos golpeó, y no solo a nosotros, si no a una gran parte de la población del país.

-Chicos, apresúrense, ya llegó el carruaje- gritó mi madre desde el vestíbulo de la casa, por lo que mi pequeña y alocada hermana comenzó a correr por toda la habitación.

-Bella, no puede ser, no encuentro mi sombrero rojo- se acercó al ropero y comenzó a sacar la ropa a lo loco, toda quedó regada por el suelo.

-calma Alice, respira y dime de cual sombrero estás hablando-

-mi sombrero rojo; ese que tiene las pequeñas flores rosas-

-pero Alice, regalaste ese sombrero la semana pasada, dijiste que ya no te gustaba-

- ha, ya lo recuerdo, pero no es del todo verdad, lo regalé por que ya había pasado de moda, en fin, me llevaré este otro pero la próxima semana tendremos que ir de compras.- dicho esto, salió de la habitación con su andar grácil. Con mi libro en mano, bajé las grandes escaleras y al llegar a la puerta, mi enorme y musculoso hermano Emmett me recibió con uno de sus abrazos de oso.

-Em… no puedo… respirar-

-Oh, como lo siento pequeña y frágil damisela- cuando por fin me soltó, el aire llegó de golpe a mis pulmones, lo que me hizo toser.

-Vamos ya Bella que se nos hace tarde- con una pícara sonrisa adornada con unos hoyuelos, tomó mi mano y me condujo al carruaje.

La señora Cullen nos había invitado a todos a su casa de campo, la cual acababa de remodelar. Ella adora decorar interiores, su fascinación son las casas antiguas y lo mejor es que es muy buena en ello.

Después de unas horas, el carruaje se detuvo y todos bajamos. Gracias a mi mala suerte, al poner un pié fuera del carruaje, me tambaleé y solo pude cerrar los ojos esperando el golpe, el cual nunca llegó, por que fui atrapada por unos fuertes brazos, los cuales conocía muy bien.

-¡Edward!- rodeé su cuello con mis brazos y deposité un beso en sus labios. -¿Qué haces aquí? Creí que acompañarías a tu madre a Kansas-

- pues los planes cambiaron, porque al parecer hay una gran epidemia y nos han recomendado que no fuéramos para allá, así que le pregunté a Esme si podía venir con ustedes y aceptó-

-eso es grandioso- nuevamente atrapé sus labios con los míos, pero fuimos interrumpidos por Emmett .

-Ejem… por si no se han dado cuenta, hay señoras y niños presentes, por favor, búsquense un cuarto-

-van a corromper la inocencia de Emmett- dijo la pequeña Alice hermanos y sus siempre elocuentes comentarios, pero por más elocuentes que fueran no pude evitar sonrojarme.

-bueno chicos, vallamos a saludar a los Cullen- mi madre me guiñó un ojo y luego apresuró a mis hermanos al interior de la enorme casa de campo , tendría que encontrar un momento para agradecérselo. Mis pensamientos fueron interrumpidos por una hermosa voz.

-¿alguna vez te he dicho lo hermosa que te ves cuando te sonrojas?-

-creo que varias veces- dije procedido de una risita tonta.

-eso me tranquiliza- tomó mi mano y me condujo al interior de la casa.

Los días pasaron volando, y cuando menos me lo esperaba, era hora de volver a la ciudad. Los carruajes nos esperaban en el jardín, y después de haber subido todas nuestras posesiones, estábamos listos para partir.

-te veré en la semana- me dijo Edward y depositó un beso en mi frente.

-estaré esperando- con su ayuda, subí al carruaje y comenzamos a recorrer el camino de regreso a casa.

Al llegar a la ciudad todos nos llevamos una gran sorpresa al encontrar las calles, que usualmente estaban abarrotadas de gente, vacías, era una extraña visión. (N.A: si vieran la ciudad en estos momentos no se la creen...parece pueblo fantasma... XD)

-¿Qué es lo que ocurre mamá?- preguntó Alice abrazándome el brazo.

-no lo se Alice- llegamos a la casa y bajamos apresuradamente y al igual que las calles, estaba vacía, no se veían los sirvientes por ningún lado.

Tuvimos que arreglárnosla con la cena, ya que pronto llegaría mi padre. Como siempre, muy puntual , mi padre llegó a las seis de la tarde a cenar.

- Charles ¿Qué es lo que ha pasado?¿Dónde están todos?- preguntó mi madre nada mas mi padre puso un pié en la casa.

- los mandé a todos a sus casas- dijo en tono cansado. Al parecer tenía los ojos rojos he hinchados.

-pero ¿Por qué?- se adelantó a preguntar Alice.

-por la enfermedad… todo están muriendo-

-que!!!!- dijimos todos al unísono. Me acerqué a mi papá y le pasé un brazo por los hombros.

-¿de que hablas papá?-

-no lo se, es una enfermedad que al parecer llegó de Kansas , casi todos están enfermos y muchos han muerto- después de decir esto, comenzó a llorar. Nunca lo había visto así. - Harry… Harry Clearwater ha muerto- dijo entre sollozos.

-Oh Charles, cuanto lo siento- mi mamá se acercó a el y lo abrazó.

La cena fue muy silenciosa, y después de un rato de picotear la comida, mi padre se puso de pié disculpándose por su falta de apetito y después salió del comedor, seguido de mi madre.

El resto de la semana pasó igual de silenciosa, y con el paso de los días, mi ansiedad crecía al no saber nada de Edward, así que un día, aprovechando que nadie me prestaba atención, salí de la casa y me dispuse a buscar a Edward.

El primer lugar al que fui fue su casa y por suerte acerté. Un empleado me abrió la puerta y me pidió que pasara. Edward se encontraba en la sala sentado en un sillón. Tenía los codos recargados en en las rodillas y con las manos se cubría el rostro.

Me acerqué a el y esperando que no se asustara y lo abrasé, al parecer estaba muy concentrado en sus pensamientos pues tardó en reaccionar.

-¿Qué haces aquí?- me dijo mirándome a los ojos, unas profundas ojeras enmarcaban su hermoso rostro.

-no sabía nada de ti, estaba preocupada-

-no debiste venir- me dijo en tono de reproche por lo que bajé la mirada. Colocó un dedo bajo mi barbilla obligándome a mirarlo a los ojos -pero me alegra de que lo hayas hecho- dijo sonriendo con mi sonrisa predilecta, auqneu pude notar que la alegría no llegaba a sus ojos.

Al poco rato, se quedó dormido con su cabeza sobre mis piernas, me entretuve acariciando su enredado cabello, se veía muy cansado, al parecer no había dormido en varios días, pero despertó inmediatamente cuando su madre bajó las escaleras seguida de un señor, al cual reconocí como uno de los mejores doctores de la ciudad.

-gracias doctor- cuando el hombre salió por la puerta, Edward corrió hacia donde se encontraba su madre.

-¿Cómo se encuentra?- preguntó en un susurro.

-dice que no hay mucho que pueda hacer, las compresas de agua fría no bajan mucho la fiebre, pero dice que es algo; solo podemos esperar lo peór. - y por segunda vez en la semana, ví lo que nunca había visto: Elisabeth se tiró a llorar en los brazos de su hijo.

Como el doctor dijo, no había mucho que hacer, a pesar de los insistentes cuidados de Elisabeth, el señor Masen murió unos días después, y con el, una parte de Edward.

Ya no podía ver aquel brillo en su ojos que tanto me gustaba, ni tampoco su hermosa sonrisa torcida.

Todo comenzó a empeorar, cada día había más noticias de gente que fallecía, pero no solo aquí, si no en varias partes del mundo.

Los Cullen decidieron que lo mejor sería regresar a su casa de campo hasta que todo pasara, y nos habían invitado. Mi padre no lo dudó ni un segundo, y en unas cuantas horas estaban todos listos para partir. Creo que el perder a dos de sus mejores amigos lo había afectado.

-yo no iré- le anuncié a mis padres

-¿Cómo que no irás?… ¡pero claro que irás Isabella!, no pienso permitir que te quedes aquí-

-y yo no pienso permitir dejar a Edward y Elisabeth solos- dije con determinación.

-Isabella ¿estas segura de esto?¿esto es lo que en verdad quieres?- dijo mi madre en un intento de hacerme entrar en razón.

-completamente- mi padre aunque seguía muy enojado, aceptó con resignación, ahora comprendía el porque me decían testaruda. Tras recibir varios abrazos de mis hermanos y mi madre, partieron dejándome sola en casa.

Hice una pequeña maleta con mis pertenencias y caminé a casa de los Masen. Toqué pero nadie abría, al parecer, todos los empleados se habían ido. Utilice la llave de repuesto que se encontraba en la jardinera y entré sigilosamente.

La casa estaba muy silenciosa, y como no encontré a nadie en la planta baja, dejé mi valija y me dispuse a subir a las habitaciones.

Elisabeth estaba recostada en la cama, y junto a ella un tembloroso Edward trataba desesperadamente de bajarle la fiebre con paños mojados. Me acerqué a el y descubrí que estaba ardiendo en fiebre.

-Edward, debes descansar, yo cuidaré a tu madre- dije en un sollozo, no podía verlo en ese estado. Me miró a los ojos y asintiendo salió de la habitación.

Elisabeth dormía profundamente, así que salí de su habitación sigilosamente y fui a ver como se encontraba Edward. Estaba recostado en su cama bañado en sudor, me apresuré a colocarle compresas frías. el no me podía dejar, no Edward.

Pasé toda la noche en vela cuidando a Elisabeth y a su hijo, hasta que el cansancio me venció y me quedé dormida en una silla junto a la cama de Edward, con su mano ardiente entre las mías.

A la mañana siguiente decidí que necesitaba ayuda, así que cuando los dos se volvieron a dormir, me dirigí al hospital en busca de alguien que me pudiera ayudar, pero todos estaba ocupados, y un horrible olor a muerte inundaba el aire, así que no tuve otra opción que regresar.

A pesar de mis vanos intentos de hacer que se recuperaran, Elisabeth dio su último respiro unos días más tarde. Estaba devastada, ¿Qué le diría a Edward cuando despertara? Y peor ¿Qué hiba a hacer si no lo hacía?.

Unos hombres vestidos de negro llegaron por Elisabeth y siguiendo mis instrucciones, la enterraron en un hermoso jardín al lado de su esposo, bajo un frondoso árbol.

Hay una cosa que nunca le confesaré a nadie; antes de morir, en uno de esos pocos momentos de lucidez, Elisabeth me hizo prometer que cuidaría de su hijo… y así lo haría.

Permanecía al lado de Edward día y noche sin dormir, por miedo a que cuando despertara el ya no se encontrara con migo.

-Edward, no me dejes, por favor, no me dejes- lloraba recostada en su pecho, no sabía que haría si me dejaba. Al pasar los días, Edward empeoraba, y no había nada que pudiera hacer, me sentía desolada y desesperada. Estaba segura que si el se hiba yo no tardaría mucho en seguirlo.

Una noche, el sueño me venció, y recostada junto a el, me quedé dormida. (1) (N.A: ¿recuerdan lo que les dije de la canción?… este es el momento apropiado para ponerla).

A la mañana siguiente, fui despertada por los tibios rayos de sol sobre mi rostro, pero al darme cuenta de que me había quedado dormida, abrí los ojos de golpe. No lo podía creer, me había quedado dormida. Temiendo lo peor, comencé a llorar, las lágrimas recorrían mi rostro, pero fueron retiradas por unos cálidos dedos.

Alcé la vista y me topé con un hermoso par de esmeraldas y una bella sonrisa torcida; Mi sonrisa torcida.

-no creías que te hiba a dejar ¿cierto?- tiré mis brazos alrededor de su cuello y lo besé como nunca antes; lo necesitaba tanto, y estaba feliz de que estuviera a mi lado.

Al poco tiempo, todo comenzó a mejorar. El virus fue perdiendo terreno, y al final fue erradicado. Aunque se perdieron muchas vidas humanas, el sol brilló de nuevo para todos, por que dicen que siempre el día más bonito es el que le procede a la tempestad.

Un tiempo después, mis padres y mis hermanos regresaron, al igual que los Cullen, y para mi sorpresa Alice y Jasper estaban comprometidos, al igual que Emmett y Rosalie… mi pequeña hermana estaba muy emocionada y programó las bodas para dentro de dos meses, precisamente la fecha en la que Edward y yo nos casaríamos… ¿coincidencia?.

Aunque Edward estaba triste por la muerte de sus padres, nunca dejó que el dolor lo venciera, y una hermosa sonrisa adornaba su rostro todo el tiempo, pero por supuesto, su hermosa sonrisa torcida la guardaba solo para mi.

FIN n.n

No hay comentarios:

Publicar un comentario